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“¡Nos nos vamos a estar callados como si estuviéramos en misa! Encima que me están robando me tendré que desfogar, ¿no?”, exclama una señora de unos 50 años a un policía que se empeña en explicar, sin éxito, cuál es su trabajo. “Señora, yo obedezco a un Gobierno legalmente elegido en las urnas. Si a usted mañana le pasa algo, vamos a defenderla, y lo mismo pasa con esto”, le responde el agente. “¿Defender? ¿Y qué le pasa al Gobierno para que lo tenga que defender la policía?”, replica otro señor de aproximadamente la misma edad que el agente, unos cuarenta y tantos años.

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Había pocas personas, unas 150 concentradas frente a la sede del PP andaluz, en la calle San Fernando, en Sevilla. Pero muchos de ellos eran hombres y mujeres mayores, hartos de la corrupción, cansados de que los tomen por tontos. “Y luego dirán que somos perroflautas”, aseguró uno de ellos. Varias chicas adolescentes ven el revuelo y paran a preguntar. “Esto es una protesta contra el Gobierno, contra Rajoy y los políticos corruptos, que nos roban y, mientras tanto, dejan que la gente se quede en la calle, sin casas”, resume una mujer de 50 años al grupo de chicas. ¿Pero por qué estáis aquí, en este sitio?”, pregunta una de ellas. “Porque esta es la sede del PP”, aclara la señora. “Ah, pues nos parece muy bien, vaya vergüenza”, dice otra. Y se marcharon todas juntas.

“Poneos guapos, poneos guapos”, se escucha entre los concentrados. Un policía de los 13 que custodiaban la sede del PP comienza a grabar la protesta con una minicámara. Al inicio, los agentes habían pedido a las personas con dispositivos móviles que no tomaran imágenes. “¿Por qué?”, preguntó un señor. “Porque tengo derecho a mi imagen”, respondió un policía. Los ciudadanos, no obstante, continuaron con sus vídeos y fotos sin mayor problema. “Es que ya está bien, donde tenéis que investigar es ahí dentro, a Rajoy, a Bárcenas y los sobres con dinero negro. Ni que fuéramos a meterle fuego a la sede”, insiste otra señora. En otro grupo, un hombre debate con dos mujeres sobre los empresarios, la corrupción y la honestidad. “Yo quiero saber quién se ha beneficiado de la amnistía”, concluye. Sí, hombre.

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