Antonio Ramos Espejo no ha ido hoy a la Facultad de Comunicación de Sevilla a recoger una placa. Antonio Ramos Espejo, homenajeado junto a tres profesores jubilados más, ha acudido hoy a la Facultad de Comunicación de Sevilla a hacer lo que ha hecho siempre, dentro y fuera de sus aulas: defender el periodismo. “No podemos ahora, ni como periodistas ni como profesores, mirar hacia otro lado, mirar a las estrellas. Tenemos la obligación de denunciar la situación que desde hace años viene destruyendo, empobreciendo, la profesión periodística y afrontar una mínima autocrítica, si se me permite, sobre la formación de los periodistas”, dijo en un discurso que hizo a varios asistentes removerse en sus sillones, poco acostumbrados a oír la palabra autocrítica en casa y tan de cerca. “He oído en exceso que una Facultad o la Universidad, en general, no está para preparar alumnos, profesionales, para el mercado de trabajo; sino para formarlos como pensadores. ¿Solo para eso? Me pregunto: ¿Cómo y para qué se forman a los futuros médicos, abogados, ingenieros, arquitectos…? Se les prepara para ser médicos, abogados, ingenieros, arquitectos… para que intervengan en hospitales, en los tribunales de justicia… Pero ¿cómo se forma, con qué criterio e intensidad, a un periodista?”.

IMG_3151

Con Antonio Ramos Espejo, los alumnos no escribíamos para tomar apuntes. Escribíamos para contar una noticia, para denunciar una injusticia en un reportaje, para darle voz a alguien a través de una entrevista, para aportar nuestra visión sobre un conflicto en un editorial… Para eso escribíamos, para aprender a ser periodistas, no para aprender a ser pensadores. “Me sentí útil y plenamente realizado, como un redactor jefe encargando o haciendo directamente con los alumnos páginas como si fueran a editarse en un periódico… No se trataba de aprobar o suspender, sino de enseñar, formar, para que cuando estos alumnos llegaran a una redacción estuvieran a la altura de las circunstancias”, continuó el reportero Ramos Espejo, director de varios periódicos en su trayectoria profesional y autor de investigaciones como el caso Almería. “Me he sentido con los alumnos más que como profesor, como periodista, su futuro compañero de profesión”, añadió. Muchos de esos alumnos, a los que no olvidó citar en su discurso, son hoy ya sus compañeros de profesión: como la admirada Carmen Rengel, corresponsal en Jerusalén, o el aventurero Manuel Ruiz Rico, buscador de historias en Etiopía, Panamá o donde haga falta.

“Me he rebelado siempre contra la sinrazón, las injusticias… en los más de cuarenta años de profesión en los medios por donde he pasado y, por supuesto, en los años que he pasado en esta Facultad. Y detesto, sobre todo, la indefensión en la que se encuentran muchas veces los alumnos por historias”, denunció también. “Siempre en su sitio” -como previamente lo había definido el decano de la Facultad, Antonio Checa Godoy- Antonio Ramos Espejo fue claro y rotundo, elegante y contundente. Y lo más importante, sincero consigo mismo, lejos de pompas y academicismos absurdos: “Vine como periodista y me voy como periodista. Porque un periodista nunca se jubila. Un reportero es reportero hasta el final”.

Anuncios