Miguel Domingo ha muerto. En el barrio de La Chana, en Granada. Con esta noticia me desperté esta mañana en Nueva York, abatida, después de dormirme escuchando a Obama decir que España lo había hecho muy mal. Ya no importa qué ha pasado, si los de aquí o los de allá se equivocaron. ¿Saben los gobernantes, las agencias de calificación, los mercados… quién es Miguel Domingo? Esta mierda no parará hasta que quienes están ahí arriba jugando con nuestros destinos se enteren de verdad quiénes son todos los Miguel Domingo o todos esos inmigrantes que se han ahogado en busca de un poco de vida en el mar de Alborán. “Los primeros que salen comprenden con sus huesos que no habrá paraísos ni amores deshojados; saben que van al cieno de números y leyes, a los juegos sin arte, a sudores sin fruto”, decía el también granadino Lorca en La aurora de Nueva York.

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