Y por la tarde, después de la incalificable comparecencia del presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Carlos Dívar, habló Baltasar Garzón. “¿Por qué se tiene que tratar como tontos a los ciudadanos?”, se preguntó el jueves en Sevilla el exmagistrado de la Audiencia Nacional, en su primera conferencia en España tras la condena por el caso Gürtel. “Estoy hablando del CGPJ”, dijo previamente. “¿Por qué no hacer una elección universal por los ciudadanos y ciudadanas? ¿Por qué no? El pueblo que gobierne a los jueces. Ya está bien. El CGPJ necesita un baño de democracia”, zanjó tras abogar por la transparencia en las instituciones.

Desinhibido, reivindicativo, con algún que otro taco incluido, Garzón no dejó títere con cabeza: “La clase política no está a la altura de la ciudadanía”. “Dejen de tirarse los trastos a la cabeza, solucionen los problemas”. “Mientras los mercados se tambalean y los sectores ricos hacen uso de su posición para mitigar sus pérdidas, los intereses de los pobres corren el peligro de caer en el olvido, no cuentan, son números”. “Los gobiernos dicen que hay que reducir la pobreza pero en sus presupuestos reducen las partidas. Es una demagogia vergonzosa de los discursos oficiales”. “Los derechos humanos no son prioridad de ningún líder occidental aunque digan lo contrario. Están muy atentos al negocio de las armas, al que se suma España”. “El interés económico se ha impuesto por encima de los derechos humanos”. “Vivimos una situación difícil propiciada por la ineficacia de quienes nos dirigen”.

La gente no cabía en el salón de actos de UGT, organizador de la conferencia, titulada Universalidad frente a globalización (La crisis de los valores). “Ha venido gratis, como no podía ser de otra forma”, aclaró el secretario general del sindicato en Sevilla, Juan Antonio Gilabert.

No fue menos duro Garzón con la gestión de Bankia: “Es una vergüenza institucional que haya sido Manos Limpias (el autodenominado sindicato que ejerció la acusación contra él) quien denuncie el caso de Bankia y no haya una autoridad, un juez que presente esa acción para ver qué es lo que está sucediendo ahí. Se está produciendo un asalto a los valores democráticos“. Y repitió varias veces: “Debemos preguntar al Gobierno si el dinero de los recortes lo está destinando a Bankia”. “Debemos preguntar, aunque nos respondan con el Plan Hidrológico del Guadalquivir”, ironizó. “Los que se llevan los bolsillos llenos con sus primas millonarias sonrojan a los ciudadanos que han perdido su empleo y les ensucian diciendo que son los responsables de la crisis. Manda narices, por no decir otra cosa”, añadió.

Garzón, que responsabilizó a la globalización neoliberal de haber destruido los valores éticos que regían una sociedad libre, apeló a la movilización ciudadana, a movimientos como el 15-M, para poner fin a una crisis que va más allá de los datos económicos. “Una crisis de valores”, aclaró el exmagistrado. “Se trata de generar una actitud positiva que fuerce el cambio de inercia burocrática y oficialista. Romper esas ataduras con educación y justicia. Sin derechos, la dignidad se convierte en burla y sarcasmo. Tenemos que conseguir que ese río de protesta continúe y produzca un nuevo compromiso de respeto a los derechos humanos y así cambiar la forma de hacer política, regida por la ética y la moral”, dijo. La sociedad -afirmó- tiene que despertar, dejar de estar atemorizada, asustada. “No sabemos respirar salvo a través del miedo. ¿Por qué nadie nos ayuda a contener esos ataques de pánico que nos producen las agencias de calificación o el parsimonioso presidente que nos pone de los nervios?”, se preguntó en referencia a Mariano Rajoy. “Nos merecemos que nos expliquen clarito qué pasa, qué es eso de que España está peor“, agregó. “Son desafíos globales con dimensión humana y merecen una respuesta global en el marco de los derechos humanos, que no se pueden aplazar ni hipotecar”, insistió. Esa Declaración, “la norma más brillante, pero la más violada”, cumplirá en 2013 los 65 años. “Menos mal que el Gobierno ha ampliado la edad de jubilación”, bromeó.

“Y ojalá la siga subiendo, para que usted pueda ejercer de nuevo”, le deseó un asistente, el periodista Rafael Guerrero. En el turno de preguntas, éste le trasladó, sobre su “persecución”, que el historiador Paul Preston consideraba que había caído en una trampa. “No estoy de acuerdo con Preston. No me metí equivocadamente ahí. Yo entiendo que el juez tiene que dar protección a las víctimas, lo que no tiene sentido es perseguir al juez que procura dar esa respuesta. En la interpretación de la ley no hay delito de prevaricación y eso me vale también para la materia del caso por el que me han condenado. No estoy de acuerdo con esa sentencia, no responde a la realidad de los hechos y no responde al juicio que se pudo seguir por televisión. Era como dos realidades diferentes, algo no cuadraba y sigue sin cuadrar, pero bueno, yo seguiré demandando allá donde pueda. Pero no es una trampa, para nada, es la obligación del juez dar esa respuesta. Al final lo único que no puede quedar es el desamparo de las víctimas“, concluyó entre el aplauso de los asistentes. Y admitió: “Me ha jodido la vida. Pero lo hice a conciencia, de acuerdo con la ley“.

Garzón considera que el Gobierno pretende desactivar el movimiento asociativo de la memoria histórica mediante la privatización de las exhumaciones. “No ha habido verdad impulsada desde el Estado, ha habido la verdad que cada uno ha ido buscando. En España no ha habido respuesta judicial, ha habido archivo judicial y persecución del juez que investigó esos crímenes”, finalizó. El acto había comenzado con el corto que protagonizaron varias artistas en su apoyo y las palabras de Miguel Unamuno, en 1936 ante Millán Astray, reproducidas por el propio Garzón: “Venceréis, pero no convenceréis”. Lo llevaba apuntado en una carpetilla.

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