“Vamos a defender a diario el interés general de los andaluces. Pero más que nunca, más que nunca hoy me quiero acordar de las personas en las que estoy pensando. Estoy pensando en los andaluces que han perdido en los últimos años su trabajo. Estoy pensando en las familias que no tienen ingresos en Andalucía. Estoy pensando en las personas mayores que ayudan a sus hijos y a sus nietos con su pensión. Estoy pensando en los jóvenes de Andalucía que hoy no tienen horizonte. Estoy pensando en aquellos que han tenido que cerrar sus pequeños negocios en el pasado. Nosotros siempre vamos a defender nuestro compromiso con ellos porque es el compromiso con la sociedad de Andalucía”.

Ya es 26-M. Han pasado casi 24 horas desde que comenzó el recuento de votos y Javier Arenas aún sigue callado ante los ataques a esas mismas personas a las que dice defender. Desde que se supo que la mayoría de los andaluces, con su voto o su abstención, habían impedido que el PP gobernase esta tierra, no ha cesado el bombardeo de insultos desde determinados sectores sociales y mediáticos a esa gente, insisto, a la que dice defender Javier Arenas.

No tengo por qué dudar de sus palabras. Puedo incluso llegar a decir que le creo. Lo que me hace dudar, sin embargo, es su silencio. Su silencio ante el desprecio manifestado en reiteradas ocasiones por sus propios compañeros de partido hacia esa gente a la que dice defender. Su silencio ante determinadas políticas que perjudican claramente a esas personas en las que asegura estar pensando. Su más absoluto silencio ante quienes creen que en Andalucía todavía somos analfabetos. Su silencio de hoy y su silencio de siempre. No encuentro ningún motivo más que éste para que haya fracasado por cuarta vez en una comunidad que necesita cambios, sí, pero que afortunadamente ya no es analfabeta ni tiene -nunca lo tuvo- un pelo de tonta. Puede que sea lo único que la mayoría de los andaluces que no han confiado en él no terminen de perdonarle. Y puede, por tanto, que sea lo único por lo que no terminen de creerle.

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