Merece la pena intentarlo. Cuando el monstruo está a cinco milímetros de ti y parece que nunca podrás vencerle. Cuando quieres una tortilla calentita y no tienes huevos. Cuando la risa se rompe como un cristal y no hay otra copa a mano. Cuando las manos no tienen fuerza y comienzan a debilitarse tus pies. Cuando el concierto empieza a las diez y te quedan dos horas de trayecto. Cuando el trayecto dura horas y son las diez. Cuando sucede todo eso y crees que ya no hay solución. Siempre, siempre merecerá la pena intentarlo.

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